lunes, 26 de septiembre de 2011

(sin título) - Liliana María Celiz

y dicen que vendrá dos veces al oeste entre la puesta diurna
de la noche (la luz como antesala de la sangre a cuestas)
la luz en un cuadrante del espacio compungido -ella habrá sido
el ala de tu voz al aire mismo del opuesto -la canción cantada
por las niñas deletreadas de la tarde la canción que se abre
en panorama de respiros -como silueta única que cae desde
el sitio del pañuelo- en lo abismal él vuelve a repetirse en el
circuito de otro su cadencia -llaman de la voz y vuelve- tal vez
anunciación del padre en el despido de otro en la botella- el padre
en un rincón como la muerte entroncado en el hechizo de la
tarde que no cae ya no cae ni es frecuente la humareda allá en
tu boca en el circuito de la muerte -muezca pura de la muerte
como forma-

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